28 / 04 / 14 Publicado por:  |  Ambuibérica Nacional, Noticias

Desde hace un mes, los servicios que Grupo Ambuibérica prestan en la comarca vizcaína del Duranguesado han incorporado un enfermero en su servicio de ambulancias. Es un paso más en la mejora de la atención al paciente en los casos que requieren una atención más específica y en los traslados más complicados.   Jon Gallardo… Leer más »

Desde hace un mes, los servicios que Grupo Ambuibérica prestan en la comarca vizcaína del Duranguesado han incorporado un enfermero en su servicio de ambulancias. Es un paso más en la mejora de la atención al paciente en los casos que requieren una atención más específica y en los traslados más complicados.   Jon Gallardo Rosa es diplomado universitario en Enfermería por la Universidad del País Vasco, con formación post académica en urgencias y emergencias, geriatría, atención primaria y hospitalización. Un profesional joven, orgulloso de cumplir con una vocación que le viene desde que era un niño.   P: ¿Por qué elegiste la profesión de enfermero? R: Porque me apasiona ayudar a las personas de una manera activa en lo relacionado con la salud. En mi caso, es una vocación total, desde la infancia, ya que tengo familiares en el gremio, a quienes escuchaba contar anécdotas y sucesos de su trabajo. Para mí es una gran satisfacción sentir que mis cuidados ayudan y que soy una pieza más en la mejora de la atención sanitaria, a la que aporto mi pequeño granito.   P: ¿Cómo es el día a día en tu trabajo? R: Sobre todo, apasionante; aunque también duro y estresante. Hay días complicados, en los que el ritmo y el volumen de trabajo son frenéticos y acabo asfixiado. Pero siempre termino con una sonrisa, porque soy consciente del servicio que prestamos y de la tranquilidad que transmitimos a una población que sabe que estamos ahí cuando lo requiera.   P: ¿Quienes forman tu equipo de trabajo? R: Grandes personas: desde conductores expertos, no sólo en el traslado rápido y preciso, sino en la colaboración técnica que aportan; técnicos sanitarios, con gran experiencia y formación de años, que hacen que el trabajo salga rodado y compañeras enfermeras. Entre todos, formamos un gran equipo coordinado.   P: ¿Qué es lo que más te motiva en tu trabajo? R: Saber que ayudo a la sociedad en uno de los temas fundamentales. Y colaborar para que los problemas que no se pueden evitar, como accidentes o lesiones, por ejemplo, sean tratados de la mejor manera posible.   P: ¿Y lo menos grato? R: Cuando se produce una muerte. No tanto el hecho de la muerte en sí, sino la angustia de querer hacer más y no poder… esa frustración. La muerte es inevitable en algunas situaciones. Para mí no es un tabú ni me causa miedo, pero si impotencia cuando ves que no es el momento de muchas personas e intento hacer todo lo posible para evitarlo.   P: Algo que no olvidarás jamás... R: Mi primera parada respiratoria en la ambulancia, cuando trabajaba como técnico. Parecía una situación controlada: se trataba de una mujer con alzheimer, que presentaba un cuadro de vómitos, sin aparente afectación de la vía respiratoria. El hijo me pedía desesperadamente que la vigilase bien. Durante el trayecto, la mujer realizó una aspiración y comenzó a asfixiarse. Libere la vía aérea con una cánula de Guedel, pero aun así dejo de respirar; sin dudarlo, realicé la maniobra de puño-percusión en la zona del tórax para liberar las vías respiratorias y la mujer reaccionó. Durante todo el trayecto mantuve mi ayuda, con pequeñas maniobras de Heimlich: cada vez que paraba, cesaba la respiración... ¡Fue el camino más largo de mi vida, pero logré que entrara semiconsciente en el servicio de urgencias! Allí la intubaron y le colocaron la ventilación mecánica.   El hijo no me había dicho nada durante el trayecto. Cuando llegamos al hospital, se me acercó llorando y me dijo que se había dado cuenta de todo. Me abrazó dándome las gracias. Fue una actuación muy complicada, emotiva y satisfactoria, ya que la mujer superó esa situación, según pude saber. Me marco muchísimo y me motivó más para mejorar en mi trabajo.   P: ¿Es agradecida la gente a la que atiendes en urgencias? R: Generalmente sí. Agradecen la atención y la rapidez con que intentamos actuar, aunque, a veces, critican el tiempo de llegada; algo comprensible, ya que para ellos los minutos son horas cuando alguien de su familia o entorno está en una situación de emergencia.   P: ¿Crees que los conductores son respetuosos con las ambulancias en la carretera? R: Hay de todo. La mayoría colabora y facilita el trabajo, apartándose o abriendo camino si es necesario. Algunos parece que van con cascos y hacen caso omiso de nuestra presencia. Otros, se ponen nerviosos y ponen en peligro la circulación al realizar maniobras peligrosas, quedándose trabados o saltando arcenes y medianas... Pero, en general, colaboran.   P: Antes de terminar esta entrevista, ¿alguna anécdota que recuerdes? R: Recuerdo la protagonizada por un señor mayor al finalizar un servicio: buscaba desesperadamente su cartera porque quería pagarnos lo que fuera ya que estaba muy agradecido y muy emocionado. Le dije que no había nada que pagar y me respondió que apuntase su dirección para invitarme a una puchera en su caserío. Me produjo una gran satisfacción oírle a aquel hombre repetir “que había sido atendido como en casa’’.