Carlos Magdaleno

13 / 05 / 16 Publicado por:  |  Entrevistas, Noticias

Escrito por el periodista Victor Garcia de Castilla y León Económica Carlos Magdaleno, presidente y director general de Ambuibérica, crea desde cero un grupo empresarial con 4.000 trabajadores y una cifra de negocio de 200 millones. Carlos Magdaleno (Mayorga, Valladolid, 1963), presidente y director general del Grupo Ambuibérica, nació uno de esos días que conmocionaron… Leer más »

Escrito por el periodista Victor Garcia de Castilla y León Económica

Carlos Magdaleno, presidente y director general de Ambuibérica, crea desde cero un grupo empresarial con 4.000 trabajadores y una cifra de negocio de 200 millones.

Carlos Magdaleno (Mayorga, Valladolid, 1963), presidente y director general del Grupo Ambuibérica, nació uno de esos días que conmocionaron al mundo y queda grabado en la mente de millones de personas: el 22 de noviembre de 1963, día que asesinaron a John Fitzgerald Kennedy. “Mi padre siempre me lo recordaba”, señala este empresario vallisoletano que vive hiperconectado. No en vano, en su maletín siempre le acompañan tres teléfonos móviles de otras tantas operadoras, más un terminal vía satélite. “No puedo estar en un lugar sin cobertura; me produce un estrés tremendo”, confiesa, al tiempo que señala que puede estar un fin de semana sin hacer llamadas telefónicas, pero siempre con un dispositivo a mano. De hecho, cada año su familia se reúne un fin de semana en una casa rural. Cuando llega el momento de organizar el viaje, sólo hay una premisa para el encargado de la logística: que el establecimiento esté situado en una zona con cobertura. Carlos justifica esta necesidad de estar conectado en el hecho de capitanear a una compañía y un sector “que siempre tiene que estar alerta y dar respuesta en caso de necesidad. Y en ocasiones podemos llegar a ser imprescindibles”.

Este empresario hecho a si mismo, que hoy lidera un grupo con una cifra de negocio de 200 millones de euros y 4.000 trabajadores, nació en el seno de una familia emprendedora. “Mi padre era el mayor de 21 hermanos y fue el mayor emprendedor de la familia. Teníamos un taller mecánico, con dos taxis y una grúa en Mayorga, donde estudié hasta el instituto. Me apunté voluntario a la Cruz Roja y con 18 años tuve mi primer contacto con las ambulancias. A raíz de esa experiencia planteé a mi padre comprar una ambulancia y no hizo falta convencerle. Primero tuvimos una sin contrato con la administración. después accedimos al mismo y fuimos ampliando la flota a tres ambulancias; luego cinco. Conseguimos la adjudicación de la zona de Medina de Rioseco y Tordesillas”, rememora. El negocio iba creciendo de la mano de Carlos, el benjamín de sus hermanos, que asumió la responsabilidad de la actividad de las ambulancias y paulatinamente se dejaron de lado el taller mecánico y el resto de actividades hasta que se dio entrada en la compañía a accionistas que no eran familiares. En 2001 se constituyó el Grupo Ambuibérica como se conoce hoy.

El empresario recuerda alguno de los principales hitos de su trayectoria profesional, como la unión de todas las empresas de transporte sanitario de la provincia de Valladolid; “o cómo Ambuibérica fue la primera compañía en romper las barreras provinciales para unir a Zamora y Valladolid”.

A la pregunta de por qué es empresario, Carlos alude a la suerte que le ha acompañado. “Aterricé en un sector que estaba naciendo y en el que había mucho por hacer. También era ambicioso y tenía ganas de trabajar. Lo que yo he hecho durante todos estos años no es ir a trabajar, sino disfrutar. Es mi pasión, como el que se divierte con sus hobbies. Tiene que ser tremendo ir cada día a tu puesto de trabajo y desempeñar una labor que no te gusta”. Por otra parte explica que la empresa “me ha dado muchas cosas y he tenido que renunciar a otras, como pasar más tiempo con la familia. Pero ser empresario es como ser cura o militar. Se es siempre, las 24 horas. Y eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes”.

Este empresario, que se define como “trabajador, extrovertido y con plena confianza en el equipo que le rodea”, recuerda como su mayor éxito profesional uno de los episodios clave de la compañía, como fue el momento en el que se dio entrada a un grupo de inversión, para ganar músculo financiero; “y tuve que explicárselo, no sólo a los socios que integraban el negocio, sino a sus mujeres y a sus hijos, sin que recelaran, haciéndoles ver que era lo mejor. Además, cumplí un doble objetivo: por un lado, profesionalmente conseguía un bólido para competir con los mejores en el circuito (a nivel económico); y por otra parte, dar a muchos socios, que ya se estaban jubilando y habían depositado su confianza en mi, lo que se habían ganado trabajando durante toda su vida. Y que ellos sintieran que no estaba haciendo algo en mi propio beneficio, que confiaran en mi. De hecho, algunos aún vienen a visitarme de vez en cuando y ver cómo marcha el negocio. Eso me llena de orgullo”.

Como reto se marca seguir construyendo el sector. “Aunque está muy profesionalizado, aún queda mucho por hacer”, señala, y remarca: “tenemos una de las mejores sanidades y transportes sanitario del mundo y me produce una gran satisfacción colaborar para que así sea. Al final, más que los grandes números, lo que a uno le llena es el trabajo bien hecho. La empresa son personas y sentimientos, no sólo cifras”.

¿Y su mayor preocupación? Carlos no duda en la respuesta: “cada mes hay 4.000 familias para las que es absolutamente sagrado recibir su nómina. Es una responsabilidad, que en ocasiones genera cierto desasosiego”.

El empresario viaja una media de cuatro veces por semana, aunque duerme fuera de casa lo menos posible, aunque implique un mayor esfuerzo o un gran número de kilómetros. A América viaja cada dos meses “y la mayoría de las veces no reservo hotel. Hago un viaje relámpago y duermo en el avión”, matiza.

Desde hace una década, dedica el fin de semana a cuidar de su jardín de la casa familiar en Mayorga. Y es aficionado al deporte pero matiza: de sofá. Le gustan el fútbol y a la Fórmula 1.

A Carlos le preocupa mucho la inestabilidad política. “Pienso que es buena la alternancia, pero los momentos de indefinición suponen problemas. Hay mucho dinero a punto de invertir en numerosos proyectos; y la falta de estabilidad provoca que no se concreten”.

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