27 / 07 / 15 Publicado por:  |  Entrevistas, Noticias

El voluntariado es uno de los ejercicios más nobles que puede hacer el ser humano. La ayuda altruista permite que muchas organizaciones sin ánimo de lucro alcancen los objetivos solidarios que se han marcado; sin esa colaboración, sería imposible.   Ana Belén Fagúndez Juan es una pedagoga y orientadora escolar, que trabaja como profesora en… Leer más »

El voluntariado es uno de los ejercicios más nobles que puede hacer el ser humano. La ayuda altruista permite que muchas organizaciones sin ánimo de lucro alcancen los objetivos solidarios que se han marcado; sin esa colaboración, sería imposible.   Ana Belén Fagúndez Juan es una pedagoga y orientadora escolar, que trabaja como profesora en el CEIP La Inmaculada, de Villalpando, en Zamora. Desde muy joven, ha desarrollado, además, labores de voluntariado en todo tipo de actividades: en un centro de parapléjicos; con enfermos de SIDA; aseando y dando de comer a personas necesitadas; en centros para personas mayores; con enfermos mentales; con personas con diferentes discapacidades… Ahora, también es voluntaria de la Fundación Ambuibérica y ha impartido como tal Cursos de Primeros Auxilios a un total de 450 niños en el campamento de verano de Santander. Hemos hablado con Ana Belén de esta última experiencia, que se suma a la larga trayectoria de esta mujer como voluntaria.   P: ¿Qué te llevó a ofrecerte como voluntaria para la Fundación Ambuibérica? R: Fue el resultado de una cadena de casualidades. En febrero de este año, Fundación Ambuibérica acudió a impartir unas clases de Primeros Auxilios a nuestro alumnado en el CEIP La Inmaculada, en la localidad zamorana de Villalpando. Me pareció un curso muy interesante y pensé en formarme yo misma para actualizarme en estas materias. Cuando estudié la carrera de magisterio nos enseñaron algunas nociones de primeros auxilios pero fueron contenidos demasiado básicos. Pregunté a la Fundación dónde podía formarme y me dijeron que también impartían cursos a profesores. Un par de meses más tarde me apunté e hice el curso en el Centro de Formación Virgen de San Lorenzo. A mí me gusta el voluntariado, he participado como voluntaria desde joven para distintas organizaciones, me aporta mucho en lo personal. Y así me apunté en la Fundación Ambuibérica y me llamaron para el curso de Santander.   P: ¿Qué tal ha ido la experiencia? R: Muy positiva. Para mí era una nueva actividad de voluntariado, distinta a las anteriores. A lo largo de mi vida he trabajado como voluntaria para diferentes organizaciones desde los 18 años. He colaborado con un centro de parapléjicos, en un centro de enfermos de SIDA, dando comida y aseo a personas necesitadas, en centros para personas mayores, con enfermos mentales, en un centro que acogía a personas con diferentes discapacidades... pero nunca había colaborado apoyando la formación en primeros auxilios para niños. Y a mí, me encantan los niños.   P: ¿Qué tal te fue con tus compañeros instructores? R: Me acogieron como una más a pesar de que la mayoría eran profesionales de los primeros auxilios. He de destacar el buen ambiente que había, mucho compañerismo. Me sentí muy arropada.   P. ¿Y a los niños, les interesó? R: El curso de Santander fue básico. Teníamos 450 niños y tuvimos que ir rápido, con cursos cortos para cada uno de los grupos. Como primer acercamiento a los primeros auxilios, fue muy positivo para ellos. Además, les llamaba mucho la atención los muñecos que utilizamos para enseñarles la práctica de la RCP. Era como un juego para ellos.   P: ¿Te gustaría repetir? R: Me encantaría. Si la Fundación Ambuibérica me deja, yo repito con mucho gusto. ¡Cómo no!   P: ¿Este tipo de aprendizaje debería ser obligatorio? R: Creo que sí. Tener conocimientos en Primeros Auxilios nos va ayudar a los profesores para tratar a los niños en caso de que ocurra alguna emergencia y a los niños, a reaccionar mejor en el caso de ser testigos o víctimas de algún accidente. Facilitaría la resolución de muchas situaciones de peligro, impidiendo que se agraven. La gente ni se imagina los líos que puede haber en una clase: un niño que se mete un trozo de goma de borrar por la nariz, casos de alergia, de niños diabéticos... En mi caso tuve que atender en una ocasión a un niño que se cortó el dedo con una persiana y sangraba sin parar... ¡Mejor saber cómo actuar ante cualquier caso imprevisto!